lunes, 3 de octubre de 2011

La radio en Cuba



Otro interesante y sonoro documento histórico.
¡¡Pasen y escuchen!! Es nuestra radio.

LA RADIO EN CUBA
Oscar Luis López

Editorial Letras Cubanas
La Habana, Cuba.
Primera edición: 1981
Segunda edición corregida: 1998
Tercera edición: 2002
534 páginas.


Vean este completo artículo de referencia:

OSCAR LUIS LÓPEZ: LA RADIO, RAZÓN DE VIDA
Escrito por Josefa Bracero Torres
Martes, 04 de Septiembre de 2007

Se marcha el maestro calladamente, como transcurre su vida... Dice adiós el historiador, sin hacer ruido... Se va en silencio el amigo fraterno... El que siempre sonríe y acude... se va.

Cuántas cosas pueden decirse sin agotar las palabras. Cuando me lo presentan en Manzanillo el 10 de octubre de 1982 Oscar Luis López es ya una leyenda viva de la radio del país. La Editorial Letras Cubanas acaba de imprimirle un libro necesario y oportuno: La radio en Cuba. He leído y releído las tres ediciones de La radio en Cuba y siempre lo hago con la avidez de la vez primera.

Y es que Oscar no es el erudito que escudriña en códigos y anales para desentrañar los hitos de un pasado que le es ajeno, sino el artesano devenido investigador y aglutinador de experiencias y vivencias de las que es parte y actor. Nadie como él ha sentido en su cerebro y en su corazón el llamado del hecho cultural, cuya adultez e importancia merecían el recuento reflexivo, el acto gnoseológico, para grabar sobre las páginas del tiempo los desvelos y la actividad de generaciones aplicadas, que aun con diferentes ideologías, motivaciones y formas, fundan y se consagran a engrandecer esta herencia cultural que es la radio cubana.

Me dice que la primera noción que tiene de su acercamiento al arte son las dotes naturales como imitador. Tendría alrededor de siete u ocho años. En Luyanó, donde vive, pasa un chino vendedor de pescado con una carretilla. No se le olvida que la abuela, le decía: Él respondía: El niño Oscar no sabe que tiene el don de la imitación, pero comienza a discutir igual que lo hacía aquel chino.

Sigue estudiando su preparatoria para el ingreso a la Universidad cuando el gobierno de Machado cierra la escuela. Entonces con diecisiete años, se inicia como músico y comediante. En 1933 integra el trío Sibanicú, del pianista y compositor Candito Ruiz. Refiere que éste le dice un día: Le responde: . De la noche a la mañana había un trío, al que Oscar bautiza como Sibanicú.

El 3 de enero de 1937 las ondas radiales de la capital se visten de gala con el primer serial dramático de Latinoamérica. Sale al aire Chan Li Po. Un día el autor Félix B. Caignet, escucha una grabación de Oscar interpretando a Chan Li Po. Lo manda a buscar y le dice: ¿Tú quisieras hacer el Chan Li Po? Este hecho cambia el rumbo de su vida.

En 1938 Oscar se da a conocer con Chan Li Po y, cincuenta y nueve años después, vuelve con Chan Li Po. Esta vez es para todo el país por Radio Rebelde. Recuerdo que con sano orgullo refiere: “El que lo oye, me dice: --Sales igualito, pero igual que aquella vez.-- Yo me pongo a escucharlo y me parece que el timbre no ha cambiado, que sigue siendo igual y nadie que oye al chino puede pensar que sea yo hablando como chino”.

En 1941 sus inquietudes por continuar descubriendo el mundo fascinante de la radiodifusión, lo llevan a otras emisoras y disciplinas artísticas. Lo que quiere es dirigir y actuar. En 1943 surge la emisora Mil Diez y allí trabaja como actor.

El 1ro de abril de 1948, sale al aire una obra que deja huellas indelebles en el quehacer dramático del país a través de la radio. A Oscar le cabe el honor de dirigir El derecho de nacer cuarenta años después de su estreno. Cuando le pregunto que desea destacar, sonríe para decir: “A José Antonio Portuondo, eminencia ya desaparecida, le manifesté que pensaba grabar de nuevo El derecho de nacer, pero eliminando, por ejemplo, este tipo de narrador alambicado, esas metáforas, para ir a lo directo. Y me dice: --No, Oscar, no le quites eso, por favor. Eso es museable. Esa característica única y exclusivamente la tiene Caignet. No borres eso. - Entonces lo grabé identicamente igual al original”. En esta ocasión, con primerísimas figuras, como Xiomara Fernández, que trabajó también en 1948 con otro papel y que ahora hizo una María Elena fuera de serie. Miguel Navarro logró un Albertico Limonta extraordinario. Igual nivel alcanzó Obelia Blanco, que hizo el papel de Isabel Cristina, personaje que asumieron María Valero y Minín Bujones, cuando la novela fue estrenada, en 1948. Destaque especial para Tita Elvira Cervera y su Mamá Dolores.

A partir de 1949 incursiona en otras disciplinas radiales. Así lo encuentra el nacimiento de la televisión. Comienza con Gaspar Pumarejo y tiene el honor de ser el primer mimetista que sale en la televisión. Hace un chino, hace un viejo, dice poemas. El primer libreto lo escribe Marcos Behmaras, el segundo original es del propio Oscar Luis.

Después lo llaman de la CMQ y le dan la oportunidad de ser coordinador. De los primeros cinco coordinadores que tiene CMQ-TV uno de ellos es Oscar Luis López.

En la radio dirige todo tipo de programas, tanto dramáticos, como musicales, e infantiles. En lo musical le cabe la satisfacción de dirigir el programa de radio más costoso de todos los tiempos, Su estrella favorita. Por el Estudio dos de Radiocentro pasan las más consagradas figuras de la música extranjera, entre las que se destacan Maurice Chevalier, Nat King Cole, Cab Calloway, Lola Flores, Tito Schipa, Pedro Vargas, Tito Guizar y Libertad Lamarque.

Después lleva a la escena radial del Estudio Dos de Radiocentro De fiesta a las 9:00 con lo mejor y más representativo del mundo artístico nacional, el que inaugura nuestra Rosita Fornés. Este programa cuenta con el sketch de Tota y Pepa, que le escribe Alberto Luberta, para las actuaciones especiales de Maritza Rosales, Manolín Álvarez, Reinaldo Miravalles y José Antonio Rivero. Este programa que se inaugura el primero de abril de 1961, se mantiene en el aire hasta 1968.

Oscar Luis López, es el máximo responsable de muchas cosas en la radio y la televisión nacionales... Baste destacar dos aportes a la radio: Incorpora la narración simultánea y el movimiento audio-escénico.

La Radio en Cuba, de Oscar Luis, une al gran mérito en el rescate de nuestro Patrimonio, el ser una obra que hace una real valoración del papel del músico mambí Luis Casas Romero como iniciador de este medio en Cuba. En esta obra, Oscar destaca que aunque, la Cuban Telefhone Company inaugura oficialmente la Radio el 10 de octubre de 1922, con anterioridad ya se estaba haciendo radio aquí por un cubano. Por eso reconocer en el setenta aniversario de la radio, el 22 de agosto y el protagonismo del mambí Luis Casas Romero y de su hijo es extremadamente justo. Y este rescate se debe, en gran medida, a la acuciosa investigación y a los desvelos de Oscar Luis López.

Además de La Radio en Cuba, nos deja Alejo Carpentier y la Radio y la biografía de Luis Casas Romero, obras imprescindibles que hace sin dejar de escribir, musicalizar o dirigir radio. En el momento de su partida daba los toques finales a La radio-novela y Félix B. Caignet. Para él, investigar y escribir es una constante y la radio su eterno objetivo. Gracias a ello, las generaciones presentes y venideras beberán en su sabiduría.

Se va Oscar, todos debemos partir... Se va quien nos inculca la lucha por la vida, con la sonrisa de siempre para acompañar a aquella frase tan suya, a pesar de los difíciles momentos por los que atraviesa. La frase con la que le responde a la doctora que lo atiende en sus últimas horas: - Aquí, guapeando-

¡Qué tristeza! Se va el amigo, el investigador, el escritor, el director de referencia, la voz que aconseja. El que acumula los mayores lauros: la Orden Félix Varela, el Premio Nacional de Radio por la Obra de la Vida, el Artista de Mérito de la Radio y la Televisión... Calladamente, sin decir adiós, en soledad, simplemente se fue.
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Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto e el único modo de ser libre.

- José Martí
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domingo, 2 de octubre de 2011

Conversación con elúltimo norteamericano.


CONVERSACION CON EL ÚLTIMO NORTEAMERICANO
Enrique Cirules

Editorial Letras Cubanas
La Habana, Cuba.
Coleccón Voces
Primera edición: 1973
Reimprresión: 2003


Vean esta completísima crónica:

RETORNO A LA GLORIA
Rodolfo Zamora Rielo


Muchos especulan que el móvil fundamental del escritor norteamericano Ernest Hemingway para terminar su vida en la boca de una escopeta fue la incapacidad de vivir la literatura; de exprimirla de las vivencias más inverosímiles que atenazan a los hombres en su bregar existencial. Muchas veces la literatura se vuelve un pretexto demasiado tentador para inmortalizar los hechos que se protagonizan y merecen el recuerdo. No creo que por egolatría, aunque nada es más escabroso que el espíritu de un escritor, sino por mero sentido del deber. Así lo demuestra Enrique Cirules en su libro Conversación con el último norteamericano.

La primera vez que tuve el libro entre mis manos lo terminé con el sobresalto adolescente de sentir de cerca lo extraordinario, pero con el sabor extraño de inadvertir algunos fenómenos de la existencia que escapaban a mis escasos 13 años. Con el tiempo, no volví sobre mi lectura, pero aprendí un poco más de la literatura y de los hombres, lo suficiente para respetar, tributar y defender. Cuando terminé la carrera de Letras entendí que los gustos literarios, descarnados e ingenuos, tienen un peso insospechado en el análisis que inevitablemente se hace de cualquier libro. Aunque el apasionamiento es tabú, el sentido del entusiasmo determina a veces el brillo de una imagen o la connotación de un episodio. Todo se queda en el plano humano, por lo menos, mientras sean los humanos los que escriban y critiquen.

Eso me sucedió con Cirules en el momento en que recibí su novela para reeditarla. La coincidencia me hizo recordar lagunas y el trabajo editorial se ligo a un redescubrimiento plagado de deudas autoimpuestas. Todo fluyó con el reproche de no haber aprovechado todo su caudal argumental, todo su mensaje y enseñanza. Hay quien dice que la obra y el escritor comparten rasgos de amenidad. No sé si una novela empalagosa pudiera estigmatizar así a su autor, pero con Cirules se cumple el apotegma. Tan misterioso y agresivo como uno de esos estuarios donde espera la muerte en el bramido gutural de un cocodrilo o sereno y presumido como los sobrevivientes de la dura subsistencia, con manos como testigos de infinidad de temeridades, Cirules comparte sus andanzas como el héroe ingenuo que no repara en más privilegios que el de sus vivencias. Atribulado y enigmático, predispuso mi entusiasmo de tal forma que aún conservo el estremecimiento que provocó en mí algunos de sus capítulos.

Empeñado en darles notoriedad a personajes sorprendentes como pescadores, tortugueros, inmigrantes, mafiosos, aventureros y asesinos, Enrique Cirules transita por los caminos de la circunstancia como elemento esencial de la fabulación narrativa. Tras los pasos de Hemingway, su eterno y enigmático maestro, se obliga la convivencia con sus obras para ofrecer las más cálidas impresiones, las más fieles perspectivas de un mundo palpitante que riega acontecimientos inverosímiles, capaces de colonizar el espíritu para siempre entre el amor, la epopeya y la angustia. Conversación...viene a ser una pieza dentro de un amplio mecanismo literario.

Publicada por primera vez en 1973 y reeditada ahora por la Editorial Letras Cubanas, la novela se contonea dentro de la madeja de géneros y confinamientos que hacen de las letras contemporáneas una gran colmena. Las opiniones fluctúan y se disgregan: novela testimonial sin ficción, entrevista recreada, exabrupto. El lector inexperto podría seguir varios caminos. Tantos como ha transitado la crítica. Pero no los suficientes como los que encontrará el que lea, más que seguir letras y encadenar episodios, y descubra todo el arte de plasmar la aventura de la vida.

Llanamente, es la historia de la primera colonia de inmigrantes norteamericanos establecidos en el valle de Cubitas, Camagüey, desde principios del siglo XX, contada por el único sobreviviente que decidió confesarle sus nostalgias a un joven periodista. Parecería la palabra de un náufrago, el recuento etnológico que hurga en componentes desconocidos de una nacionalidad. No obstante, es la crónica subyacente, de cada día, la que no se ve en los volúmenes; el compendio de evocaciones que se despliegan desde la anécdota hasta el argumento, del testimonio a la ficción de lo real-maravilloso.

La llegada, a finales de 1898, del vapor "Yarmouth" con 200 hombres entre ingenieros, artesanos, aventureros y agricultores, al rústico espigón de lo que sería Port Viaro, marcó el inicio de una oleada colonizadora procedente de los EE.UU., promovida por la compañía Cuban Land, con la promesa de ofrecer la propiedad de tierras fértiles a precios económicos. Muchos acudieron, apenas sin ropas ni dinero, con la esperanza de una vida de trabajo, que se tornó en sacrificio, y de progreso, que se escabulló obstinadamente de sus manos.

En más de doscientas páginas se narra cómo los asentamientos de casas de campaña se fueron transformando en prósperos poblados, con ferrocarriles de madera tirado por mulos, orquestas, hoteles, comercios, cantinas, puertos. Junto a los nombres y el idioma, los colonos norteamericanos trajeron sus costumbres, las fiestas agrícolas y la publicidad que genera una campaña electoral. La violencia también tuvo su espacio cuando los aventureros exhibían largos revólveres del Oeste.

El caserío se convirtió en La Gloria City por obra y gracia de la voluntad de sus habitantes que, aunque muy pobres, presumían de las baratijas heredadas de antiguas familias. Como una gran sinfonía, se une la historia del maestro de ceremonias que recibió un cañonazo, con la arisca sueca pistolera, el espía alemán, el contrabandista, el fotógrafo, del colono que sobrevivió a dos rayos, las carreras de gordas de 300 libras, el francés barbero y proxeneta, los ancianos monteros, la austríaca hostelera que amaba a un hombre más joven o el viejo Stokes que trataba de levantar un negocio que caía invariablemente.

Con un estilo conversacional, en el que se conservan las pautas del relato espontáneo, el protagonista devela con melancolía la estafa de la Cuban Land. Conmueve el desarraigo y el desamparo de aquellos que vivieron olvidados, que trabajaron hasta la fatiga y terminaron absorbidos por las trampas de una sociedad despiadada. Algunos llegaron al suicidio, a perder el juicio y echar a correr dando alaridos, masacrar a sus propios animales con la ira ciega de la frustración, llorar apretando terrones entre las manos y suplicar por el único lazo entre la vida y el olvido. Al final, el último de ellos, abandonado por los suyos y la esperanza, rememora antiguos esplendores en una ciudad fantasma, estrangulada por la maleza.

Enrique Cirules ha cumplido con el compromiso que asumió con su tiempo. Nacido en 1938, en Camagüey, ha obtenido en tres ocasiones el Premio 26 de julio y en 1993, recibió el Premio Casa de las Américas de Testimonio por el libro El Imperio en La Habana. Más que todos sus laureles, ostenta el de ver sus libros incluidos en catálogos de todo el mundo. Apegado a la vivencia, Conversación...se une a cuentos, novelas, investigaciones y ensayos que lo convierten en un eterno trotamundos, pues, como dijo el mismo Willy Stokes, lo que le da un poco de vida es la evocación.
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[Tomado de "CubaAhora" ¡Gracias!]
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Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto es el único modo de ser libre.

- José Martí
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Las criadas de La Habana



Otra interesante novela habanera.

LAS CRIADAS DE LA HABANA
Pedro Pérez Sarduy

Editorial Plaza Mayor
San Juan, Puerto Rico.
Edición 2001
294 páginas.


Las criadas de La Habana

Reviewed by Dina De Luca
Neumann College
(Cortesia de Afro-Hispanic Review donde fue originalmente publicado en el VOL.25, Numero 1
SPRING 2006. VANDERBILT UNIVERSITY)


La práctica autobiográfica es una forma de validación del discurso narrativo. Si le añadimos a esta afirmación que las autobiografías de mujeres se caracterizan por la discontinuidad y la fragmentación narrativa debido a que los diferentes papeles que le han tocado desempeñar a la mujer no se prestan a la continuidad discursiva, entonces resulta interesante cómo, intencional o impremeditadamente, la primera novela del poeta, crítico y autor cubano, Pedro Pérez Sarduy, incluye estos elementos definitorios en su texto. En este sentido, Las criadas de La Habana se adhiere a lo que podría considerarse un nuevo hito en la reivindicación del discurso literario femenino afro-hispano, a pesar de no ser éste la intención fundamental de la novela.

Las criadas de La Habana es una novela autobiográfica en la que la narradora-autora, Marta, una mujer negra, en la soledad de sus años decide escribir lo que ella denomina sus “memorias.” Pero esta excusa como explicación del texto aparece casi al final de la novela, en el que la discontinuidad narrativa obliga a Marta a aludir a la razón por la cual escribe. Después de la muerte de su segundo marido, quien la había dejado por otra mujer más joven, la estoica Marta confiesa: “Fue entonces que encontré sosiego en mis memorias y volví a escribir un poco sobre las cosas que me habían pasado a lo largo de los años, quizás debido en parte a la influencia de mi hijo y las cartas larguísimas que nos escribíamos” (241).

Las criadas de La Habana no es la típica autobiografía de la vejez en la que el autobiógrafo produce un texto donde a menudo el sujeto cuenta su historia con un propósito didáctico. El propósito de Marta no es de ninguna manera didáctico, sino expositorio. En Las criadas de La Habana el recurso autobiográfico se convierte en el modo más accesible contra el silencio y la distorsión que traspasa el nivel personal y lo dirige hacia lo colectivo. Sin embargo tal colectividad no debe entenderse únicamente al nivel de los obstáculos que confrontan las mujeres negras por su sexo, sino por su raza. Aún más, la condición y situación de la mujer negra dentro de la sociedad tradicionalista pre-revolucionaria y su posición después de la Revolución queda subordinada al tema principal de la novela: la discriminación racial contra el negro, tanto en Cuba como en Estados Unidos, específicamente en Miami. La protagonista-autora de la novela se convierte en el vehículo de exposición de esta inquietud apremiante en la obra del autor como escritor y crítico.

La novela está dividida en dos partes y un intermedio. En la primera parte, cuenta su vida desde aproximadamente finales de la década de los 40 hasta los arbores de la Revolución Cubana. El intermedio es una corta transición que empieza cuatro años después de la Revolución, aludiendo anacrónica y superficialmente a ella. Termina con el incidente de la Embajada de Perú y el consecuente éxodo del Puerto Mariel. La segunda parte, comienza un año después del éxodo de los “marielitos,” extendiéndose hasta 1994.

En la primera parte Pérez Sarduy trata de aplicar algunas de las particularidades de la autobiografía al estilo y técnicas empleadas en la narración para lograr la creación de un personaje-protagonista convincente. Los detalles de la vida familiar de Marta y sus experiencias como criada con diferentes “patrones” en La Habana toman precedente ante sus logros personales, o falta de ellos. Es a través de sus pericias que sale a la superficie el tema principal de la novela, la discriminación racial, el cual conlleva a los problemas de identidad del pueblo cubano, dentro y fuera de la isla. El tema emerge del panorama cultural de la época aludida que Pérez Sarduy se preocupa en presentar minuciosamente, ya que el personaje de Marta nace de un personaje real, la propia madre del autor. La fotografía de la madre, padre y tíos del autor, en la portada de la primera edición de la novela, representan otro texto que forma parte de la discontinuidad narrativa que reafirma el discurso autobiográfico femenino. Marta se convierte en autoridad autorial de la intrahistoria cubana; llena recovecos de la petite histoire: describe la cultura popular, las relaciones raciales y sociales-clasistas de la Cuba pre-revolucionaria.

La discriminación racial es evidente desde un principio con la descripción del “Baile de las Flores.” En ese día de fiesta, los “santa clareños,” informa Marta, se reunían en sus respectivos lugares, de acuerdo a su situación socio-económica: en la “sociedad Bella Unión,” las personas “de color;” “en la Sociedad el Gran Maceo,” “los mulatos y algunos negros con dinero; en el Casino Español,” “los blancos de buena posición; en el Santa Clara Tennis Club y en el Liceo, frente al Parque Vidal, los blancos ricos se reunían a celebrar lo suyo” (13).

En la primera parte, Pérez Sarduy evita concederle a la protagonista una ideología determinada o emitir juicios cargados de una ideología concreta, aunque ofrece una fugaz defensa de la Revolución, en cuanto al deseo anticipado de las criadas de La Habana de compartir una sociedad más equitativa, sobretodo en lo concerniente a la educación. Después de todo, Marta tuvo la oportunidad de terminar cierto grado de educación después de la Revolución, lo que le permitió escribir el texto ficticio que leemos.

Pero en la segunda parte, el autor no puede contener ese imperativo. Aquí el autor introduce nuevos personajes, en su mayoría femeninos, residentes en los Estados Unidos. De estos sobresalen Gracielita y Yamila, que se convierten en no sólo el alter ego de la protagonista, sino también en el de Pérez Sarduy. Gracielita, la hija de una de las amigas de Marta desde los tiempos de criada, simboliza la voz íntima del autor real; mientras que Yamila, la amiga afro-cubana-estadounidense de Gracielita, encarna la voz crítica del autor en cuanto a su visión de los problemas raciales en los Estados Unidos y la falta de una identidad cubana en el exilio.

En la segunda parte sobresale un discurso híbrido, un cruce narrativo entre el epistolar, el novelístico y el autobiográfico; en ocasiones, superponiéndose uno sobre los otros. Marta interacala en la narración las cartas que Gracielita le manda desde los Estados Unidos a su madre. En ellas, Gracielita explica sus experiencias desde que salió de Cuba con su novio blanco durante el éxodo del Mariel hasta su regreso. En Miami, Gracielita hace amistad con Yamila, joven activista, quien la despierta a la cruda realidad de que en los Estados Unidos “lo peor que le puede ocurrir a uno en este país es ser negro. ¡Lo demás se puede arreglar, pero ser negro, no!” (194). Pero lo peor para Gracielita es darse cuenta que para los cubanos blancos exiliados cuando se habla de Cuba los negros no existen, lo cual se evidencia con su ausencia en clubes y organizaciones patrióticas en Miami.

Aunque Marta explica que estas cartas “me sirvieron para entretenerme un rato y planear cómo iba a incorporar todo ese material en lo que ya se estaba perfilando en un libro de memorias y que con voluntad y sin alborotar mucho, Inesita y Julia me estaban ayudando a escribir” (277), su función reside en poner en voz del otro o de otro lo que el autor desea gritarle a su lector. El tono mordaz de éstas critican severamente la discriminación de los exiliados cubanos blancos contra los cubanos negros o mulatos; críticas que se extienden a la discriminación racial en los Estados Unidos, aun entre negros.

Por medio de Gracielita, Pérez Sarduy revela su desencanto frente al fracaso de la Revolución en cuanto a que no pudo erradicar la discriminación racial en Cuba y critica severamente el sustrato cubano exiliado en Miami, que según Yamila, sufre problemas de identidad. Cuando Yamila expresa su frustración ante su inhabilidad de identificarse con los “cubanos-americanos,” el autor real no pierde la ocasión de sentenciar que “lo peor de Cuba se ha concentrado en Miami” (256). Para Yamila sus contemporáneos son “demasiado rosaditos en la mente y en la piel, que mientras pretenden aconsejar cómo debe ser la política interna y externa de Cuba, lo que aspiran es a engrosar las filas de la élite que decidirá el futuro del cubano en este país, al igual que hicieron sus padres cuando salieron huyendo de Cuba” (208-9). Las acusaciones contra los cubanos en Miami continúa hasta el final de la novela. El autor denuncia el oportunismo de los funcionarios políticos en Miami, que según la narración, se aprovechan de cualquier incidente interno en Cuba para hacerlo internacional, pero al mismo tiempo, alude ligeramente a oportunistas cubanos dentro del sistema actual, aunque no hace referencias directas a individuos específicos. Cuando Gracielita dice “Yo me fui de Cuba precisamente por ese tipo de gente oportunista que ha hecho más daño al país que el mismo bloqueo (276),” nos parece estar escuchando la confesión del autor real.

El valor literario de Las criadas de La Habana radica en darle voz y autoridad autorial, aunque ficticia, al discurso de un grupo relegado a la periferia en la historia cubana. La presentación de los problemas expuestos en la novela, revelan la postura ideológica que Pérez Sarduy suele evitar públicamente. Como Gracielita, al final de la novela, Pérez Sarduy no sabe si puede regresar a Cuba definitivamente por la situación racista que aún permea en la sociedad. Personaje y autor real coinciden en que su activismo fuera de la isla contribuirá al encuentro de soluciones para los problemas raciales, mientras que abogan por la política del diálogo de los exiliados cubanos con el gobierno de la isla, un diálogo que tiene como objetivo alcanzar el bienestar social, económico y cultural de todo el pueblo cubano. Las criadas de La Habana es una propuesta de auto-reflexión colectiva para todo el que se considera cubano, que tiene como propósito encontrar una manera de rehabilitar los sistemas de valores sexistas, racistas y clasistas existentes que amenazan y obstaculizan el futuro nacional cubano.
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Posted by Pedro Pérez-Sarduy at 13:56
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[Tomado del blog "Saravá y Aché" ¡Gracias!]
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Ser culto es el único modo de ser libre.

- José Martí
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Las honradas / Las impuras



Otra de las joyitas literarias que he encontrado en mi reciente viaje a La Habana.

LAS HONRRADAS / LAS IMPURAS
Miguel de Carrión

[Los dos libros en un mismo tomo]
Editorial Arte y Literatura
La Habana, Cuba.
Edición: 1978
586 páginas.
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Vean esta interesante presentación de la obra de Miguel de Carrión:


Miguel de Carrión
SER O NO SER
Josefina Ortega | La Habana




A su muerte, ocurrida en horas del mediodía del 30 de julio de 1929, el intelectual cubano Jorge Mañach escribió…”no diré que su muerte haya ocasionado una gran pérdida a las letras patrias, porque esa pérdida ―considerable sin dudas— databa de antes: se venía lamentando desde que (…), embrujado por la terrible pereza y por la aún más terrible actividad adquisitiva que el trópico cría, renunció a hacer pleno y enérgico empleo de las admirables facultades con que surgió a la novelística cubana…”

De él se dijo que fue un “folletinesco a contrapelo, sin ninguna intención” (de serlo), un “hablista”, y que su naturalismo entró en el ingenuo trazo de su objetivismo impersonal.

Otros consideraron que no había leído suficiente a grandes clásicos y que se había fijado demasiado en autores de escaso valor como Vargas Vilas.

“Decir que Las Impuras es una gran novela es faltar el respeto a las grandes novelas” escribía Calvert Casey .

Si embargo, para buena parte de los estudiosos literarios era el novelista más interesante de su generación ―Loveira… Jesús Castellanos…Miguel Ángel de La Torre…―. El propio Calvert aseguraba que “la cruda exposición y el análisis que sin proponérselo hace (…) del fenómeno social del relajo, del principio agudo del placer que motivó a varias generaciones, convierten a Las Impuras en un documento sociológico de interés permanente si sus méritos literarios no bastaran”


Pero de todos modos, Miguel de Carrión se inscribe hoy dentro de la cultura nacional como uno de los escritores imprescindibles de la literatura cubana.

Baste leer su literatura ―novelas y cuentos―, su periodismo de opinión, sus trabajos científicos en la medicina y sus criterios pedagógicos, para comprender los juicios tan encontrados que provocó.

Sus textos pedagógicos y sus estudios renales mostraban al hombre dedicado a la ciencia con conciencia. Sus numerosos artículos de opinión en la prensa nacional, denotaban al agudo observador muy informado, en ocasiones no bien informado y unas cuantas veces contradictorio.

Veamos algunas muestras tomadas de diferentes trabajos: …”Jamás llegaremos a contentar a todos los necesitados que gritan porque tienen hambre y que, en su propaganda enconada, mantienen el país entero, y en particular a las clases productoras en un perpetuo estado de zozobra”…“Nuestra patria ha sido una factoría al servicio de los extraños”…”Para obligarnos a vivir ordenadamente es preciso aherrojar poderosos instintos disolventes que existen entre nosotros, y hacer que las leyes actúen más como reglas de justicias que como aparatos ortopédicos. Es necesario impedir el parasitismo social de una clase, no por la persuasión…sino por la violencia sabiamente dirigida”


Miguel de Carrión y de Cárdenas había nacido en La Habana el 9 de abril de 1875, en la iglesia de Monserrate, hijo de un abogado de los tribunales de la nación y nieto de un caballero de la real Orden de Carlos III; tuvo una vida intensa, signada por estudios ―y ejercicio― en el magisterio; estudios ―y ejercicio hasta el final de su vida― de la carrera de medicina, la dedicación fervorosa al periodismo, y la actividad no menos intensa en la literatura.

Pero evidentemente sus novelas Las Honradas (1817) y sobre todo Las Impuras (1819) fueron sus dos grandes logros artísticos más preciados.

Salvador Bueno escribió sobre él: “Cuando la obra de Carrión queda certeramente ubicada se la considera como un testimonio doloroso y sombrío, pero agudamente fiel, de una etapa de la historia cubana, de una época de transición que, sin haber llegado al clímax, permite contemplar algunas señales de superación y de esperanza”.
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Ser culto es el único modo de ser libre.

- José Martí
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Nosotros y el bolero



Señoras y señores... con todos uds. ¡¡Su Majestad el Bolero!!
¡¡Pasen y lean... escuchen, sientan, recuerden, disfruten!!

NOSOTROS Y EL BOLERO
Editorial: Letras Cubanas
La Habana, Cuba.
Año 2000

Autor: Alicia Valdés Cantero
Idioma: Español
Dimensiones: 15.5 x 22.5 cm,
312 páginas

-Sinopsis-

En este libro se hallará una excelente compilación sobre este género, hoy tan internacional pero que sigue siendo tan latinoamericano, caribeño y cubano. El lector tendrá en sus manos una visión amplia y a la vez penetrante del bolero, que incluye diversas definiciones de éste y su expresión en Cuba, Puerto Rico y México, países donde se desarrolló más; un panorama de los principales compositores e intérpretes que lo han cultivado, así como una análisis de sus textos, todo a través del criterio de prestigiosos especialistas de Cuba y latinoamérica.
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Ser culto es el único modo de ser libre.

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El justo tiempo humano




Uno de los libros que más me ha ilusionado encontrar en este viaje.
Por otras incursiones en las librerías de La Habana ya creía que era imposible encontrar en Cuba alguna publicación de Heberto Padilla.

Lo encontré en una preciosa librería -de libros de uso- de la que proximamente daré referencia en mi blog.
Me complace compartir con ustedes la felicidad de este hallazgo.

EL JUSTO TIEMPO HUMANO
Heberto Padilla

Ediciones Unión
La Habana, Cuba.
Primera edición: 1962
Segunda edición: 1964
133 páginas
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Lean este precioso artículo de referencia:

EL INJUSTO TIEMPO HUMANO
Por Germán Castro, Cuba Free Press

La Habana, Cuba Free Press.— Hablemos esta vez de un libro de poemas escritos por un hombre –Heberto Padilla-- condenado por los tribunales inquisitoriales de la revolución y, por ello, condenado él mismo. De ahí que a pesar del silencio que lo envuelve el poeta exhale un encanto sobrecogedor.

No obstante, hablar de un libro que se publicó hace 37 años y hacerlo sin que el motivo sea, al menos, su reedición puede parecer una tarea carente de sentido. Pero no. "El justo tiempo humano", además de poseer el hechizo que le confiere esa maldición ofrece claves interesantes para autocomprendernos. Su valor, por tanto, es atemporal. Su relectura le da un aura contemporánea.

Libro constituido por poemas que, según palabras del autor, "nacieron en países diferentes y en fechas distintas entre los años 1953 y 1961". Fue redactado hasta 1959 en el extranjero y a partir de entonces en la isla, cuando Padilla regresó para trabajar en el periódico "Revolución".

Con tales premisas, se comprenderá mejor por qué estos poemas describen una trayectoria helicoidal inconclusa, de modo que siguen la curva del deseo y de su ruptura a través o a causa del hecho histórico.

Parten de un verso desgarrador que fermenta ya con ese anhelo: "No te fue dado el tiempo del amor…" Y es este el techo que cubre el resto de las líneas, extendiéndose como una sombra letal y resolviéndose en el conjunto a modo de una angustiosa pasión. Desde ese primer verso y en todo el poema inicial "Dones" hasta que finaliza la segunda de las tres secciones que conforman el poemario lo único que posee realmente son sus carencias y en el último "El árbol" en cambio su posesión es la esperanza, la riqueza de los desposeídos. Antes y después continúa desnudo.

"A medianoche, callado y pálido", diría. Y haciéndose esta pregunta: "¿Qué signos buscabas en el cielo?" O aún más crudo: "No te fue dado (…)/ sino el año harapiento, libidinoso/ en que se queman tus labios con amor."

Algo, por cierto, que le viene de la infancia: "Nunca nos detuvimos en la dicha/(…)/¡Cómo nos pesa la nostalgia y adiós preferido con rabia/ mientras nos mira imperturbable/ el hombrecillo constante de la miseria!/(…)Los códigos se hicieron/ para estos sobresaltos".

Y en tales códigos hasta la dicha es tramada "como una sombra clandestina" y el padre va desnudo como la muerte y le tiemblan los huesos de la cara "ya un claro espanto en la memoria".

La guerra, por otra parte, sólo sirve para "revelarnos/ y habituarnos a una derrota". Todo dentro del mismo vacío.

Por eso es fácil comprender la tercera y última sección del libro. El cambio ostensible de tono y la contracción notable de la calidad.

Encandilado –derrotado otra vez— por el fuego de la revolución dibuja con premura la escurridiza silueta del espejismo. Con la frivolidad de la violencia exclama: "Ya hemos justicia". En un coro donde lo acompañan millones de compatriotas. Es arrastrado con casi todos por la promesa: "Plantaremos el fuego alto, muy alto./ Lucharemos hasta inundarnos de amor". Entonces es cuando afirma: "El justo tiempo humano va a nacer". Obsérvese bien: "Va a nacer", luego, no ha nacido.

Estamos, por tanto, todavía únicamente ante el deseo y como dijera Thomas Mann, "…el hombre se empeña no sólo en lo que desea sino en el mismo desear." Aún permanecemos a la sombra del primer verso ("No te fue dado el tiempo del amor"), en el naufragio, náufragos que vemos en la esperanza la tabla de salvación.

Y allí termina por ahora la curva de esta aspiración. El resto se completó en la vida y en otros libros del propio Heberto Padilla. Muchos, por temor a la desilusión –como también advirtiera el escritor alemán—,"es decir: a ser privados del engaño" continuaron la farsa. El poeta no.

En este mismo cuaderno había escrito un poema "En la corte de Luis XIV" que devino oráculo: "… el poeta frondoso arde quemado/por las nuevas disposiciones./Para el poeta admitido tres estatuas, una caverna al sur de Italia/ y todos los viajes…" El no lo fue.

Se marchó de Cuba cubierto aún y tal vez para siempre con el estigma de aquel primer verso. Partió como lo ha hecho al menos la quinta parte de la isla y como desean hacerlo otros –cualquiera sabe cuándo— por idéntico motivo: a ninguno le fue dado, realmente, el tiempo del amor.

Narraciones desordenadas e incompletas



Un breve y ameno librito.

NARRACIONES DESORDENADAS E INCOMPLETAS
Mirta Yáñez

Editorial Letras Cubanas
La Habana, Cuba. 1997
160 páginas

-Sinopsis-

Un reto a críticos y lectores es este conjunto selecto de la obra narrativa de Mirta Yáñez. Entre otras libertades, la autora no respeta métodos ni convenciones sobre cómo debe ser armado un libro de cuentos.
Humor, amenidad, esmero en el estilo, desenfado, y también inquietud por el ser humano, trazan el tono que daría una pista a seguir por el lector. No obstante, detrás de todo desorden quizás haya un orden premeditado, pero... ¿un cuento para niños aquí?
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Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
Ser culto es el único modo de ser libre.

- José Martí
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