jueves, 25 de febrero de 2010

EL MONTE, de Lydia Cabrera


El monte
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Apreciad@s lectores/as, estudios@s y amantes de Cultura cubana:

Cuando ya estoy en mis últimas jornadas de este año, de la 'busca y captura' de libros cubanos, esta semana he conseguido una pieza de gran valor testimonial; un libro que he estado buscando (¡esperando su reedición!) durante años.

Se trata de la obra maestra de la brillante antropóloga cubana Lydia Cabrera.

Me complace compartir con uds. este feliz hallazgo. Aquí les transcribo la ficha bibliográfica y unas palabras de la propia autora (extraídas de la introducción al libro, de 1954.

EL MONTE
IGBO · FINDA
EWE ORISHA · VITITI NFINDA
(Notas sobre las religiones, la magia, las supersticiones
y el folklore de los negros criollos y el pueblo de Cuba)
Lydia Cabrera

Colección del Chicherekú
EDICIONES UNIVERSAL
Miami, Florida
Primera edición: La habana 1954
Novena reedición, Ediciones Universal 2006
564 páginas
[Incluye fotografías]

Las notas que componen este primer volumen y las de otros que le continuarán, son el producto de algunos años de paciente aplicación.

Las publico, no es necesario subrayarlo, sin asomo de pretensión científica.

El método seguido, ¡si de método, aún vagamente, pudiera hablarse en el caso de este libro! lo han impuesto con sus explicaciones y disgresiones, inseparables unas de otras, mis informantes, incapaces de ajustarse a ningún plan, y a quienes insensiblemente y por un afán de exactitud por mi parte, quizá excesivo, y que a ratos hará tediosa la lectura y confusa la comprensión de algunos párrafos, he seguido siempre estrechamente, cuidando de no alterar sus juicios y sus palabras, aclarándolas sólo en aquellos puntos en que serían del todo ininteligibles al profano

No omito repeticiones ni contradicciones, pues en los deralles, continuamente se advierte disparidad de criterio entre las "autoridades" habaneras y las matanceras, estas últimas más conservadoras; entre los viejos y los jóvenes y los innumerables cabildos o casas de Santo.

He querido que sin cambiar sus graciosos y peculiares modos de expresión, estos viejos que he conocido, hijos de africanos muchos de ellos, los más enterados y respetuosos continuadores de su tradición y cuya confianza pude conquistar, sean oídos sin intermediario, exactamente como me hablaron, por los que estudian la huella profunda y viva que dejaron en esta isla los conceptos mágicos y religiosos, las creencias y prácticas de los negros importados de Africa durante siglos de trata ininterrumpida.

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Ser culto es el único modo de ser libre. Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
J. Martí

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