viernes, 26 de febrero de 2010

CUERPOS DIVINOS -Nota introductoria-


Nota de los editores:
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CUERPOS DIVINOS

[Nota introductoria al libro]


La versión de "Cuerpos divinos" que aquí se publica corresponde al último manuscrito de un libro en el que Guillermo Cabrera Infante estuvo trabajando, con largas interrupciones, desde su estancia como agregado cultural de la embajada de Cuba en Bruselas hasta sus últimos días. Así lo atestiuan los folios encontrados con el membrete de Kraainem, el municipio en el que residía con Miriam Gómez desde 1962, que se corresponde fielmente con las primeras páginas del libro que el lector tiene ahora entre sus manos.

Como consecuencia de sus largos años de exilio y de la enfermedad que le aquejó desde 1972 -un transtorno que le obligó a someterse a dieciocho sesiones de elctroshock-, el método de trabajo de Cabrera consistía en largas elaboraciones de una misma historia, que luego corregía una y otra vez, bien sobre el mismo manuscrito, bien en infinidad de cuadernos y hojas sueltas, con una caligrafía grande que a veces le servía para desarrollar una simple frase o para anotar una cita que posteriormente incorporaría al libro.

Lo que se recoge aquí es, pues, la versión mecanografiada y más acabada de una larga secuencia de un libro que podía haber tenido muchas más o muchas menos páginas según la voluntad de un autor que, por desgracia, ya no está entre nosotros para ofrecernos su texto definitivo. Sin embargo, el interés de estas páginas, su enorme valor testimonial, justifica la aparición a la luz pública de lo que, en sus propias palabras, quiso ser "una novela y sólo fue una biografía velada".
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Todos los personajes son reales.
Sus nombres son los de la vida real. La historia
ocurrió de veras.
Así, sólo el libro -esas páginas blancas
impresas con letras negras, la pasta del lomo,
la cubierta abigarrada-,
sólo el libro es ficticio.

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Ser culto es el único modo de ser libre. Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
J. Martí

CUERPOS DIVINOS, Guillermo Cabrera Infante


Cuerpos divinos, de Guillermo Cabrera Infante
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Querid@s lectores/as y visitantes asiduos de mi Biblioteca:

Como ya les anuncié en el post dedicado a la obra completa del maestro Cabrera Infante, hoy es para mi un fin de semana excepcionalmente feliz, pues en mi tradicional 'caza de libros cubanos de los viernes' he dado con un ejemplar (im)pacientemente esperado desde que se anunció la posibilidad de su aparición... y ¡por fin! aquí lo tenemos.

A mis amig@s: No me busquen este fin de semana... ¡estaré leyendo este libro!:

CUERPOS DIVINOS
Guillermo Cabrera Infante

Editorial: Galaxia Gutenberg / Circulo de Lectores
Barcelona, España. - Febrero de 2010
555 páginas
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La Habana: navidades de 1958. Durante los últimos años Cuba ha vivido agitada por las luchas de la oposición para derribar el régimen del dictador Fulgencio Batista, que gobierna el país desde el golpe de Estado de 1952.
En el club saint jhon, un joven crítico cinematográfico está escuchando a la cantante Elena Burke acompañada al piano por Frank Domínguez. En una semana, la pesadilla de la dictadura se extinguirá y vendrá un tiempo nuevo... En una semana, la noticia le llegará por teléfono: "El hombre se ha ido". Batista se ha ido.

Crónica de los años previos a la revolución cubana y de la revolución misma, "Cuerpos divinos" es una de las obras más autobiográficas de Guillermo Cabrera Infante, un libro en el que empezó a trabajar en 1962 y al que le fue incorporando materiales hasta el fin de su vida, en 2005.
La narración se inicia en 1957, es decir, con posterioridad a "La Habana para un infante difunto, y en ella asistimos sin solución de continuidad a los escarceos amorosos y festivos del crítico de la revista "Carteles", al tiempo que nos hace partícipes del telón de fondo político en el que se desarrollan los multiples intentos de los distintos grupos que tratan de derrocar la dictadura batistiana: el Directorio Revolucionario, el Partido Comunista y el Movimiento 26 de Julio.

Con un magistral equilibrio de escenas que abarcan desde sus encuentros y desencuentros con mujeres espectaculares (la salvación por el erotismo) hasta episodios cargados de significación política ("La política terminó por engolfar la vida", dice el protagonista), el autor de "Tres tristes tigres" nos ofrece un insólito y apasionante retrato de los días previos y posteriores al cambio de régimen, así como una inédita reflexión sobre la revolución cubana en sus inicios que ya permitía adivinar la traición que frustró las esperanzas de tanta gente y que llevó al profundo desengaño que ha pervivido hasta nuestros días.
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...y vista está sinópsis procedente de la portada del libro, ahora... ¡¡a leer!!


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J. Martí

CABRERA INFANTE -¡¡Novedad!!-


Querid@s lectores/as:

Este viernes -en mi habitual 'busca y captura' de libros cubanos- ha sido especialmente satisfactorio. Les cuento, ya llevaba por lo menos un par de semanas sin novedades a la vista, y me dió por actualizar mi "Blogbiblioteca" subiendo unos antiguos posts de Cabrera Infante, y miren por dónde... cuestión de telepatía, en la primera librería que entro ¡¡me encuentro de cara con un nuevo libro del maestro.
Mientras preparo la reseña bibliográfica del mismo, aquí les dejo este artículo de referencia:


CABRERA INFANTE REVIVE EN LA HABANA

Se edita 'Cuerpos divinos', obra autobiográfica inédita
de la vida en Cuba del escritor

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 19/02/2010



"Las revoluciones son el final de un proceso de las ideas, no el principio, y es siempre un proceso cultural, nunca político. Cuando interviene la política -o mejor los políticos- no se produce una revolución, sino un golpe de Estado, y el proceso cultural se detiene para dar lugar a un programa político. La cultura entonces se convierte en una rama de la propaganda. Es decir, las ilusiones de la cultura, el sueño de la razón, se transforman en pesadilla".

"Las revoluciones son el final de un proceso de las ideas, no el principio, y es siempre un proceso cultural, nunca político. Cuando interviene la política -o mejor los políticos- no se produce una revolución, sino un golpe de Estado, y el proceso cultural se detiene para dar lugar a un programa político. La cultura entonces se convierte en una rama de la propaganda. Es decir, las ilusiones de la cultura, el sueño de la razón, se transforman en pesadilla".

El manuscrito de Cuerpos divinos estaba, como tantos otros papeles, notas y cuadernos de Guillermo Cabrera Infante, en la casa de Gloucester Road, en Londres, donde el escritor cubano vivió hasta su muerte, el 22 de febrero de 2005. Muy a su pesar, Cuerpos divinos no era una novela sino unas memorias -"veladas", dijo él- que arrancaban en 1958 y se cerraban (de momento) en 1962. Un libro inacabado de alto valor testimonial ya que en él se encierra, según explica Miriam Gómez, viuda del escritor, "todo el dolor" del autor de Tres tristes trigres y de La Habana para un infante difunto.

Cuerpos divinos (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) saldrá a la venta la próxima semana. Casi 600 páginas llenas de encantos y desencantos. La Habana, el cine, el sexo, la música y, cómo no, la revolución y el exilio: "No sólo la historia, sino la geografía nos condena", escribe Cabrera. "Han hecho truco hasta con la topografía. Nacimos en un oasis y con un pase de mano nos encontramos en pleno desierto".

"Fue aquélla la mejor época de nuestra vida.

-Sí -le dije-. Es muy posible que fuera la mejor". Así termina un libro que podía haber terminado de otras mil maneras distintas. Para Toni Munné, director de las obras completas del escritor cubano que aparecerán a partir de otoño en la misma editorial, Cuerpos divinos es un libro fundamental dentro de la obra de Cabrera. "Es el libro que le acompañó toda su vida. Si seguimos las entrevistas a Guillermo vemos que él siempre estaba escribiendo Cuerpos divinos. Es un libro escrito desde el recuerdo, desde la voluntad de recordar".

"Le dolía. Luchaba para escribirlo", explica Miriam Gómez. "Yo le tenía miedo a Guillermo cuando la escribía. Se desnudaba y sólo la luz de su lámpara le calentaba. Me aterraba saber qué podía contar". Intimidades sexuales, reflexiones políticas, amigos desenmascarados y otros fusilados o muertos en vida. "Estaba todo el horror y yo no he querido ni he podido tocarlo", dice Gómez. "Quedan notas, muchas, pero era imposible encajarlas bien. Todas estarán incluidas en las obras completas, pero el libro debía salir así, hasta el desencanto".

Cabrera Infante le pidió a su mujer que cambiara los nombres falsos que había puesto en el libro una vez que las personas de las que hablaba hubieran muerto. "Sólo la gente que él despreciaba seguirá con seudónimo". Con su nombre aparecen Hemingway o el propio Fidel Castro, y, con todo lo demás, las mujeres de un hombre enamorado y sexualmente apasionado. "Yo temblaba cuando cogí el libro", recuerda Miriam Gómez. "Me lo llevé a la cama y temblaba. ¿Cómo voy a aparecer yo? Pero ya tengo 70 años y no me importa nada. Guillermo era un loco de las mujeres y era un hombre enamorado. Su madre fue una mujer superior y eso siempre le marcó. Él adoraba escuchar a su madre y a las amigas de su madre, siempre recordaba ese olor a frutas que tenemos las mujeres cuando cruzamos las piernas en el trópico".

Y vuelve a escribir Cabrera: "El hombre es un animal geográfico. La historia no es más que geografía en movimiento, una suerte de isla flotante. Las islas tienden a dominar el continente. Me sé todas esas citas. Son tantas que podrías construir una casa de citas".

"Tuve que reírme. Yo siempre termino por reír. Tengo que reírme como hombre de lo que he perdido como mujer. Tienda de citas".
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Retratos inéditos

- Cuba. "Pero no es tanto del descontento que yo quería hablar como del invierno: Now in the winter of our discontent, de nuestro invierno, del invierno cubano, del trópico en invierno. ¿Por qué el descontento en general y no más bien el invierno? Ese invierno de 1958. ¿Es posible (o risible: uno no sabe nunca nada) decir en el trópico "en el invierno de nuestro descontento?"

- Hemingway. "A las diez de la mañana nada había cambiado, excepto el viento del Norte. Hemingway todavía sostenía la botella de vodka, pero no podría decir si la protegía del viento, de sí mismo o si se protegía de ella, porque estaba bien vacía".

- Fidel Castro. "-También Hitler -dije yo- enardecía a las multitudes alemanas.

-Y Mussolini -dijo Titón- en Italia".
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© EDICIONES EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España]

CABRERA INFANTE (V)


Nuevos textos del maestro...
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Tras la apasionada lectura de "La ninfa inconstante" y mientras esperamos (im)pacientemente la publicación de nuevos libros de Guillermo Cabrera Infante, aquí les dejo la referencia de una interesantísima recopilación de diversos textos del autor.
¡¡Disfrutenlo!!



INFANTERÍAS

Datos técnicos
Año: 1999
Editorial: Fondo De Cultura Economica
Autor: Guillermo Cabrera Infante
Páginas: 1114
Peso: 399 g
ISBN10: 9681658469
ISBN13: 9789681658465


Detalle

Esta reunión de textos, seleccionados y comentados por Nivia Montenegro y Enrico Mario Santí, es una antología minuciosa y reveladora del autor de 'Tres tristes tigres'.
Literatura por placer, generosidad de un mundo alterno trocado en vida misma, sus escritos nos enseñan que así en la isla como en el texto, la memoria poética constituye la forma más sacra de la justicia.

Infantería se divide en cuatro secciones, cada una representa un momento de la vida y la creación del autor. 'La isla' incluye desde los escritos tempranos hasta la mitad de la década del sesenta. 'El texto' se inicia con 'Tres tristes tigres', seguido por extractos de 'Exorcismos de estilo' y 'Arcadia todas las noches'. En 'La memoria' aparecen pasajes de 'Vista al amanecer en el trópico','La Habana para un infante difunto' y 'Mea Cuba'. La última reúne una serie de textos de Cabrera Infante, inéditos o desconocidos, tal como 'El aullido', su primer guión de cine.

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J. Martí

CABRERA INFANTE (IV)


>> ¡¡Por fin!! << >> ¡¡Se publicó uno de los libros postumos de Cabrera Infante!!
(...y parece que nos esperan dos más / Seguiremos informando...)
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¡¡Aquí lo tienen!! ¡¡Calentito, recien publicado!!

LA NINFA INCONSTANTE
Guillermo Cabrera Infante

Editado por:
Circulo de lectores
Galaxia Gutenberg
Barcelona, España.
Septiembre de 2008
283 páginas

Estela no llega a los dieciséis años ni al metro sesenta ni tampoco alcanza a entender la palabrería de este crítico de cine que se ha enamorado de ella. Él tiene ya una ead y una esposa que ha dejado de esperarlo despierta...
Pero ésta no es otra de sus historias de amor en la que un maduro intelectual queda atrapado por la belleza de una ingenua adolescente, porque Estelita tiene un plan que es todo menos inocente. De fondo, música de bolero y una Habana ruidosa y sensual. Puro Guillermo Cabrera Infante.


El escritor cubano nos había dejado hasta ahora dos obras maestras: "Tres tristes tigres" y "La Habana para un infante difunto". Pero era un secreto a voces que Cabrera Infante escribió durante sus últimos años una nueva novela que ampliaría su fresco de La Habana anterior a 1959, con numerosas pinceladas autobiográficas: "Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor aún, cambiarlo. No me interesa eliminar ni mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Esa máquina es la memoria."

"La ninfa inconstante" muestra a las claras todas las dacetas del estilo de Cabrera Infante: los juegos de palabras que tanto fascinaban a este infatigable explorador del lenguaje, sus referencias cinematográficas y literarias, el gusto por las expresiones del habla popular y ese personalísimo y exquisito sentido del humor que puebla cada una de sus páginas.
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Y ahora... ¡¡A leer!!

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J. Martí

CABRERA INFANTE (III)


En memoria de G. Cabrera Infante
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Revisando mi "biblioteca cubana" -y en ocasión del 79 aniversario del nacimiento de Guillermo Cabrera Infante- vuelvo a subir esta serie de posts en memoria y homenaje al Maestro.


*[Procedente del Blog de ENRISCO]

Penúltimos Días nos recuerda que el 22 de abril se cumplen 79 años del nacimiento de Cabrera Infante. Quisiera compartir con ustedes un texto que escribí a raíz de la muerte del escritor.




NO HAY CONSUELO, GUILLERMO.
Enrique Del Risco y Enrisco

No nos engañemos. No hay consuelo. Para la muerte de Cabrera Infante no lo hay. Aunque su edad bordeaba eso que engañosamente llaman “esperanza de vida”, tanto en el país en el que nació o en el que murió, a todos los que lo quisimos su muerte se nos antojó insoportablemente precoz. No podía ser de otra forma sabiendo que en cada una de las líneas que escribió en los últimos cuarenta años alentaba el deseo del regreso a su Habana, regreso que nunca se cumplió. Y no un regreso cualquiera porque sólo tendría justificación y sentido, es decir, realidad, cuando desaparecieran las circunstancias, es decir, la realidad, que lo obligaron a marcharse. Y su muerte significa entre otras cosas la desconsoladora certeza de que el regreso a ese lugar donde nunca hemos estado ya será sin él.
Pero consuelo no ha faltado. Entretenemos el dolor, la frustración, diciéndonos que su Habana es más real que el país que gobierna su archienemigo, que recordaremos más sus construcciones verbales que las destrucciones reales de los otros, o podemos pisotear el lugar común y decir que su patria son las palabras. Sin embargo tanto truco, tanta alquimia con el dolor no hace sino más abundante y visible el vacío que nos dejó. Esos engaños pertenecen a otro mayor, el de la patria, que con el país secuestrado a mayor gloria de un hombre y su poder, se hace más difusa e irreal que lo que suele ser habitualmente. Afuera de la isla que hace mucho tiempo dejó de ser nuestra nos inventamos una Cuba astral que encubre su lejanía y su deterioro físicos para imaginárnosla con una belleza plena en algún sitio más allá o más acá de su árido presente. La gran ironía es que esa Cuba a todas luces irreal nunca se nos hace más tangible que en medio de dolores como este con el que lidiamos hoy, cuando un trozo de ella se nos muere en el cuerpo de una Celia Cruz o de un Cabrera Infante. Y citarlos juntos obedece a mucho más que a la relativa cercanía cronológica de sus muertes. Mucho se habla de ese especial amor de Cabrera Infante por La Habana, de su laboriosa edificación del mito de la ciudad que adoptó como propia. Menos se habla de su reinvención de la cultura cubana, de su radical subversión de una visión aristocrática de lo nacional que nunca concebiría que, por ejemplo, héroes, escritores y músicos populares compartieran el mismo pedestal. En cambio en la obra de Cabrera Infante conviven la cita poética y patriótica, la alusión cinematográfica, y el desvarío etílico con similar dignidad. Nada cubano le era ajeno, ni siquiera esa parte de lo cubano que con extrañeza llamamos “el mundo”. Pocas veces hubo un cubano más cosmopolita y un cosmopolita tan cubano. En su obra la patria se hace leve y por una vez, un sitio que incita a vivir en él más que a morir por él. Y si se muere por ella es por la posibilidad de algún día hacerla habitable incluso para poetas o borrachos. Suena irónico decir todo esto de quien renunció a vivir en su país más de la mitad de una vida razonablemente larga aunque menos irónico parecerá si nos sirve para medir la magnitud de su renuncia.
Pero Cabrera Infante no era sólo patrimonio de los exiliados nostálgicos de una Habana perdida en el tiempo y la lejanía. No tenemos más que recordar aquel lector de Cabrera Infante que fuimos en la isla. Con nuestros amigos recorríamos La Habana semiderruida del 94 con la otra Habana, la del Infante difunto, en la mano, tratando de compaginar aquellas paredes cariadas de nuestra realidad con la luminosa decadencia que emanaba de los sitios que nombraba el libro. Sentíamos lo que suponemos que sentiría aquél niño del cuadro de Dalí mientras levantaba la piel del mar: un íntimo y total deslumbramiento. Aprendíamos a comprender todo el esplendor que había encerrado en aquellas ruinas precoces.
No para todos los cubanos Cabrera Infante cumplía esta función. Para las autoridades, Cabrera Infante en el exilio fue “El hombre que jodía demasiado”, el Anticastro, el fuego y el juego (de palabras) que no cesa. Es lógico y previsible el silencio oficial que ha rodeado a su muerte, silencio que en el fondo suena a regocijo ante el fin de su más incesante y prestigioso contradictor. A nivel oficioso el regocijo se ha convertido en generosidad post mortem. Así incluso Lisandro Otero, antiguo mandarín cultural del castrismo y hoy una especie de fidelista por cuenta propia, decidió por esta vez controlar un poco su viejo rencor por el Infante al fin difunto. Así que si, mientras aún vivía, había llegado a decir entre otras cosas que Cabrera Infante no había “logrado comprender que su acumulación verbosa y deshumanizada no es verdadera literatura”, ahora Otero ha condescendido en decir que Cuba ha perdido con Infante a “uno de sus más ingeniosos, imaginativos y talentosos escritores”. Es sabido que la muerte mejora a la gente una vez que nos podemos librar de su más o menos incómoda presencia. Lo que desconocíamos era que tuviera efectos tan dramáticos en la literatura algo que, al fin y al cabo, no suele ir a la tumba con su autor. Quizás Lisandro haya cambiado de opinión con la esperanza de que algo parecido pase con sus libros pero nos preguntamos ¿Cuántas veces tendrá que morir Lisandro Otero para que sea considerado uno de nuestros más talentosos escritores? Sólo de pensar en hacer los cálculos da vértigo.

Pero más complicado lo tenían los miembros del seleccionado nacional de literatura cubana, esos que acaparan premios nacionales, homenajes y viajes con los gastos pagos. Un desliz en las declaraciones y en lo adelante el pasaporte sólo les serviría para abanicarse en la sala de su casa. No es difícil imaginarse la llamada de Miguel Barnet a su Comandante solicitando instrucciones:

-Hola Comandante, lo llamo por lo de la muerte de Cabrera Infante.
-¿Quién? Ah, sí... el periodista ese que estaba con nosotros al principio y nos traicionó… Yo pensaba que se había muerto hace años. Por mí era como si se hubiera muerto…
-Ze murió ayer Comandante.
-Eso le pasa por traidor, Miguelito. Me dejan y mira lo que les pasa…
-Yo lo llamaba porque la prenza eztá llamando por la muerte de él y no ze me ocurre qué podría dezirlez…
-Pues les dices que negamos categóricamente toda responsabilidad en la muerte de ese sujeto. Que nuestros enemigos siempre están tratando de mancillar nuestra revolución pero bajo ningún concepto vamos a tolerar esa calumnia…
-Comandante, murió de muerte natural.
-Ah, claro. Es que ya ni me acordaba si yo había hecho algún comentario sobre él, y tú sabes como son mis muchachos: se toman al pie de la letra cualquier cosa que digo. Pero entonces, si se murió de muerte natural ¿para qué los periodistas andan preguntando tanto?
-Ez que como ganó el premio Zervantez hace unoz añoz.
-Eso está bien, eso es un premio muy prestigioso y tengo entendido que tiene una buena dotación en metálico. ¿A qué institución lo donó, Miguelito? A las escuelas de arte o a las milicias…
-Bueno Comandante…
-Sí, ya sé… él era el traidor. Yo te digo Miguelito, hay que trabajar más para que esa gente no se pierda. Ustedes mismos, los escritores, pudieron convencerlo de que se diera una vuelta por acá… todavía tenía tiempo para reformarse y darnos su aporte. ¿Qué edad tenía cuando se murió?
-Zetentaizeiz, creo.
-Mira eso, un muchacho todavía. Pero claro, como está la salud pública por ahí y seguro que no se cuidaba. Así cualquier cosa puede pasar. Miguelito, yo sé que ustedes los escritores son medio bohemios así que saca experiencia de este caso y cuídate.
-Zí Comandante, yo me cuido. Zi por eso mismo lo eztoy llamando…
-Eso está bien porque necesitamos de gente como tú por muchos años. No nos gustaría que te nos fueras pronto. Bueno, Miguelito voy a dejarte que tengo que cerrar la cámara hiperbárica. Es que aquí adentro el teléfono no tiene cobertura.
-Pero Comandante ¿qué le digo a loz periodiztaz? Comandante…

Podemos imaginarnos la confusión que reinaría en ese momento en la mente de Miguel Barnet. Habrá repasado la conversación con el máximo líder un centenar de veces y cuando por fin lo entrevistaron los periodistas dijo: “Aunque por razones políticas descalificó a todos los intelectuales que vivimos en la Isla, para mí fue un gran artista, atormentado y contradictorio, que sin embargo le dio a Cuba su tercer Premio Cervantes”. Por su parte, uno de esos escritores a los que les dan el premio nacional de literatura a condición de que dejen en paz a los lectores declaró que Cabrera Infante “Fue uno de los más grandes escritores de este país” pero que estaba “demasiado comprometido contra Cuba”. Que recordemos Cabrera Infante nunca escribió contra Cuba. De hecho ni siquiera lo hizo contra Ciego de Ávila o Caimito o alguno de esos pueblos feos que quizás merecerían su rencor estético. Quizás el entrevistado padece ese transtorno, por lo demás difundido más allá de los premios nacionales de literatura, de confundir a Cuba con el Comandante. Y si Cuba es lo mismo que el Comandante y Cabrera Infante “le dio a Cuba su tercer Premio Cervantes” no hay más remedio que concluir que nuestros premios nacionales asumen que Infante le dio el Cervantes al Comandante, afirmación que, tendrán que concordar con nosotros, no está mal como estribillo de un reggaeton. Y de ahí no falta nada para afirmar que el pujante y creativo exilio cubano es uno de los más grandes logros de la Revolución. ¿Y quién se atrevería a discutir que Cuba cuenta con uno de los más nutridos y extensos exilios del planeta? ¿Quién se atrevería a regatearle al Comandante su aporte decisivo en ello? Bueno a veces lo escritores exiliados no son del todo comprensivos con la generosidad del Comandante y como este no tiene apuro espera a que se mueran para publicarlos en la isla. Pero si a Cabrera Infante no se le ha publicado, según declaran ahora los funcionarios en la isla, es por expresa voluntad del autor. Y hay que creerles porque si algo ha caracterizado a las autoridades cubanas es complacer los deseos de los que les llevan la contraria. Sin ir más lejos ahí están los periodistas, bibliotecarios y disidentes que con sus actividades no hacían más que pedir a gritos que los encerraran: no los decepcionaron. Y hay que agradecer tanta comprensión. El Comandante inaugurando una escultura en bronce de Guillermo Cabrera Infante sentado al lado de John Lennon (otro que en su época seguramente pidió que lo prohibieran en Cuba) es más de lo que el escritor podría aguantar, incluso después de muerto. Agradezcamos que le conserven en su país el estatus de seguir clandestinamente vivo.

Al comienzo hablabábamos de las trampas en las que incurrimos para conjurar el dolor de una pérdida semejante. Este mismo texto no ha sido más que otro banal ejercicio de las tácticas a las que aludimos, adobadas si acaso con un poco de humor, cuya más evidente disculpa es que fue un condimento que casi nunca faltó en la obra de Cabrera Infante. Somos conscientes de que todas estas palabras no sirven más que para confirmar la certeza inicial. No hay consuelo, Guillermo.
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J. Martí

CABRERA INFANTE (II)


>>> Reviviendo Alos Grandes Maestros <<<
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Apreciad@s lectores/as, visitantes, invitad@s:

En mis recomendaciones literarias tengo una sección denomidada "Recuperando buenos libros" y dentro de ella me complace hoy compartir con uds. a uno de los "Grandes Maestros cubanos" que dormía en mi biblioteca y que -aprovechando estas vacaciones estivales- he vuelto a despertar.

Sin más preambulos, aquí se lo presento de nuevo... ¡¡pasen y lean!!

PURO HUMO
Guillermo Cabrera Infante

Editorial Alfaguara
Madrid. España
Tercera edición: noviembre de 2000
493 páginas

*Vean estas breves palabras de presentación del libro, del propio autor:

"Puro Humo" es varios libros a la vez: una historia del tabaco que empieza en 1492 por un marino de la nao capitana, Rodrigo de Jerez; es además una celebración del tabaco y de fumar esa hoja extraña, y una rapsodia en que intervienen el cigarrillo y la pipa. Pero es más que nada una crónica erudita de la relación entre el puro y el cine. No es por gusto que en la portada aparezca Groucho Marx en su sofá a la espera de su musa, o de un analista. En realidad Groucho sólo quiere que alguien le dé fuego a su habano. Este libro lo hace por él, para convertir al puro en fuego y ceniza.
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...y al hilo de este redescubrimiento, permitanme recomendarles también otros libros de Cabrera Infante presentes en la "Biblioteca cubana de Barbarito":

- ASÍ EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA

- TRES TRISTES TIGRES

- VISTA DEL AMANECER EN EL TRÓPICO

- O

- EXORCISMOS DE ESTI(L)O

- LA HABANA PARA UN INFANTE DIFUNTO

- PURO HUMO

- MEA CUBA

- VIDAS PARA LEERLAS

- TODO ESTÁ HECHO CON ESPEJOS

- ELLA CANTABA BOLEROS

- INFANTERÍA (Recopilación de diversos artículos y algunos
escritos inéditos).

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Si alguien esta interesado en alguno de los mencionados libros en particular, gustosamente le ampliaré la información del mismo.

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J. Martí