jueves, 25 de febrero de 2010

EL COMANDANTE YA TIENE QUIEN LE ESCRIBA


+ y más libros de Enrisco...
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Otro MUY RECOMENDABLE libro de Enrisco que merecería 2 ó 3 Premios... ¡¡por lo menos!!
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EL COMANDANTE YA TIENE QUIEN LE ESCRIBA
Enrique del Risco (Enrisco)
Ed. Universal, Miami, 2003, 184 págs.



Este libro, llegado con retraso al lector español, también pudo llamarse "La política cómica". Lo pensó el autor, sin duda como guiño de complicidad con "El semanario satírico ilustrado", fundado en 1905 por el caricaturista Ricardo de la Torriente, creador de esa imagen que, durante la primera república, habría de emblematizar todas las frustraciones de la recién fundada república, aquélla víctima propiciatoria, 'la víctima de siempre', 'el bobo de la yuca': la desencajada y sufrida figura de Liborio. Y no habría estado mal este título por lo que tiene de afín este libro con el humor más satírico que cómico, más patético que hilarante, con que el hebdomadario fustigó las tres primeras décadas de la política republicana.

La mirada de Enrisco participaría con "La política cómica", sobre todo, por lo contradictorio de su enunciado. Ambos, paradójicamente, renuncian a la política y a lo cómico. Me explico. En ambos, en Enrisco y en el semanario, se subraya la ausencia de una 'política' y, en su lugar, se denuncia la existencia de un conjunto de acciones espurias, más politiqueras que políticas; es decir la ausencia de una voluntad de organizar y administrar un estado con la finalidad de servir al bien común. Y, por otra parte, en ambos lo cómico -mensaje que conduce a la risa lúdica-, esa suerte de inocente malicia o de volteriana "plaisanterie naturelle", queda subvertido por la mueca amarga que, lejos de extraer placer de una realidad perturbada, revela la dolorosa incoherencia de sus resultados.

Sobre la máscara del cubano, la primera respuesta al texto de Enrisco, se abre a la superficie el grato despliegue de la risa fácil al compartir con el autor la presencia de lo inadvertido cómico: la torpeza, lo ridículo o grotesco de la situación. Sin embargo, debajo, en el doblez que esconde el mensaje profundo, nos aguarda, soterrado, impregnando ahora la piel, el rictus de una conciencia que ilumina una ignorada y sufrida precariedad.

Este libro, equívocamente susceptible de ser orillado a la tradición del choteo cubano, entendido, según Jorge Mañach, quien fijara el ámbito de esta categoría del comportamiento criollo, como frivolidad y escepticismo ante lo solemne y serio, perversión de la sensibilidad y que sólo conduce a la 'obstinación de la ligereza', en frase que Mañach cita de Ramiro Guerra, este libro, por el contrario, enmascarado en un humor epidérmicamente desternillante, está más cercano de aquel humor aristotélico que buscaba su fuente en lo desagradable y defectuoso, lo degradado y bastardo, más cercano a la tragedia que a la comedia por lo que comporta de reconocimiento de acontecimientos dolorosos y la purgación de pasiones frustradas.

Por otra parte, reconozcámoslo, todos formamos parte de este relato grotesco. Querámoslo o no, Castro nos ha hecho partícipes de esta grosera representación que Enrisco pone ante nuestra mirada. Una buena parte de la regeneración de la nación tiene que ver con su reconocimiento. En este sentido, el texto de Enrisco es un ejercicio de higiene y de exorcismo. Con su escritura, Enrisco parece repetir la advertencia de Teresa de Jesús: "me río y conozco mi miseria".

Quizá Mañach no comprendió que la risa criolla, y su expresión en el choteo, formaban parte de la cultura popular nacional como cultura de resistencia. Único instrumento de desgaste a su alcance. Mordaz, punzante, satírico, Enrisco, en una fase superior del choteo, nos invita también a la resistencia.
Agradezcamos a Enrisco por adelantarnos aquella visión redentorista que nos legara Orígenes: ³en el cielo será el momento de la risa².

Pío E. Serrano
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Ser culto es el único modo de ser libre. Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
J. Martí

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