jueves, 25 de febrero de 2010

ÚLTIMA RUMBA EN LA HABANA (II)

Otra interesante reseña literaria...
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...con la que vuelvo a subir con satisfacción este post, y más teniendo en cuenta que mi amiga la escritora cubana Teresa Dovalpage ha tenido la gentileza de enviarme por correo en enlace de la presente reseña.
Aquí les va, disfrutenla:

ÚLTIMA RUMBA EN LA HABANA
Fernando Velázquez Medina

La rumba sin carnaval
Teresa Dovalpage


Cuando empecé a leer Última Rumba en La Habana lo hice bajo una premisa falsa: que el narrador era un hombre, un veterano de Angola, para ser más exacta. Así que no es de extrañar que las frecuentes alusiones a la encendida sexualidad de la protagonista me dejaran cuando menos confusa. ¿Será un travesti? ¿Habrá un cambio del punto de vista narrativo más tarde? ¿Y esto qué cosa es?

Me tomó unas diez páginas el descubrir que la narradora de la obra era sin duda alguna mujer y muy mujer. Una ex estudiante de arquitectura transmutada en ex presidiaria transmutada en jinetera transmutada en bisnera…Creyente en los orishas y ávida de gozar la vida después de haber pasado unos cuantos años tras las rejas, echa a andar por la ciudad como lo haría por el laberinto de Creta. Sólo que el Minotauro está acechando en cada esquina y por allí no hay ninguna Ariadna dispuesta a salvarla. Además, tengo que recordarlo, esta ex universitaria devenida en jineta no es Teseo.

Con su “inusual retórica,” (a veces cita a Ray Bradbury y a Marguerite Yourcenar y otras suelta una maldición solariega de alto calibre) la protagonista revive su niñez y adolescencia, esta última marcada por un hecho de sangre. Cometido por ella, quiero decir. Vamos, que la chica es de armas tomar…Hija del barrio de Jesús María, resulta tan habanera como el Malecón o el Coppelia. Y se interna por los vericuetos de la capital, en un justificable afán por sobrevivir a cómo dé lugar. La novela, contada en primera persona, la sigue por tres días, justo los que anteceden a la revuelta popular que tiene como colofón la segunda oleada de balseros de 1994.

Junto a la protagonista se mueve un enjambre de personajes variopintos, algunos reales y otros no, pero todos absolutamente creíbles. Así, junto a Vassari, su amante italiano, aparece Marilín, chica abusada (lo del abuso no queda muy claro, no daré más detalles a fin de no estropear el cuento) por su abuelo que “era un tipo decente y no iba a deshonrar a su nieta.” Está Tato, emprendedor, comerciante de libre empresa, bisnero en la jerga cubana; está un estudiante idealista (o tan idealista como se puede ser en Cuba) llamado Fermín…y Elizardo Sánchez, conocido oposicionista, que hace un cameo en compañía de su familia. Y un famoso escritor de novelas policíacas. Y el propio autor, que se cuela en su obra, haciéndonos un guiño malicioso, casi carnavalesco, para que lo reconozcamos. Todos ellos forman una comparsa, pero no como las que solían salir por el barrio Jesús María. Son un coro desesperado que grita y gime y se ríe y chilla y fornica y se mata y reza, pero todo sombríamente, sin amor, sin alegría, sin esperanza ni caridad.

Volvamos al principio. El motivo de mi confusión inicial radicó en la lectura de un fragmento de esta novela publicado en el blog Belascoaín y Neptuno, que mantiene Alexis Romay. El fragmento en cuestión es una historia descarnada y fuerte, narrada en la voz de un antiguo combatiente de Angola, que aparece justo diez páginas antes del final de la obra. Valió la pena esperar ciento sesenta y seis páginas para leerla, pero no es recomendable hacerlo antes de comer.

Última Rumba en La Habana se alza sobre una metáfora de la ciudad, encarnada en el cuerpo sensual y a menudo vapuleado de la protagonista. Escrita en la mejor tradición del realismo sucio, no es, sin embargo, una copia al carbón de los libros de Pedro Juan Gutiérrez, como los que proliferan últimamente. Fernando Velázquez Medina escribe con voz propia y estoy segura de que no se demorará en ofrecer una nueva muestra de su talento. Publicada primero en Estados Unidos, en 2001, por el periódico Hoy, y reeditada ocho años más tarde en España por Baile del Sol, esta novela ha dado y todavía dará mucho qué hablar a los estudiosos de la literatura cubana contemporánea.


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Teresa Dovalpage

(La Habana, 1966) Actualmente vive en Estados Unidos. Ha publicado dos novelas: "A Girl like Che Guevara" (2004, Soho Press) y "Posesas de La Habana" (2004, PurePlay Press), así como artículos y cuentos en Hispanic Magazine, Latina Style,Hispanic Culture Review, Rosebud, Latino Today, El Nuevo Herald yRevista Baquiana. También ha estrenado una obra de teatro, "La hija de La Llorona", basada en un nuevo mito mexicano.

Su página web es www.dovalpage.com. "Posesas de La Habana" es "un retrato amargo y violento de la Cuba de hoy a través de las voces de cuatro generaciones de mujeres" (M. Correa Mújica, Cuba Encuentro). En "A Girl like Che Guevara" la autora "pone al desnudo las interioridades de una sociedad consagrada a la pureza ideológica, donde lo real y lo ideal rara vez convergen y donde el amor florece en medio de la crueldad" (Carlos Eire, profesor de Historia y Estudios Religiosos de la Universidad de Yale).
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*Reseña publicada en OTROLUNES Revista de Cultura Hispanoamericana.

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